Desempolvando viejos amores
19 abril, 2018
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El reciente acuerdo del gobernador Alfredo Cornejo con el kirchnerismo para avanzar con su intención de ampliar la Corte resulta absolutamente contrapuesto al compromiso que asumió Cambiemos, en el orden nacional, y el Frente Cambia Mendoza, en el plano local, de consolidar la democracia y combatir el autoritarismo.

El eje vertebrador de ambas coaliciones fue la necesidad de destronar al régimen populista articulado por los sucesivos gobiernos kirchneristas a fin de reinstaurar la vapuleada república y detener las nocivas consecuencias de los abusos del poder.

A más de diez años del anterior, esta nueva reedición del pacto entre Cornejo y el kirchnerismo, representa un retroceso de la institucionalidad democrática mendocina. En primer lugar, implica la revitalización de una corriente política  que gobernó sobre la base de prácticas autoritarias y corruptas y, con ello, el apalancamiento del nuevo proyecto electoral de Cristina Kirchner, estructurado en torno a Unidad Ciudadana.  En segundo lugar, significa conformar un acuerdo, suscripto bajo condiciones poco claras, para controlar al Poder Judicial, en línea con las prácticas kirchneristas. La gravedad no sólo radica en aliarse a sus antiguos adversarios, sino, principalmente, en los fines para los cuales se conformó esta llamativa sociedad.

Lamentablemente, la apetencia por gobernar con la suma del poder público, y sin rendir cuentas en la actualidad y al concluir su mandato, han conducido a Cornejo a traer al kirchnerismo del destierro al que lo había condenado, con su voto, la mayoría de la sociedad mendocina.